“Todo comenzó por Timișoara y ahí fue donde el pueblo se revolcó. Entonces me avisan rápido y me dicen: Mireya, en Bucarest el pueblo está en la calle. Y cuando yo salgo del hotel donde yo estaba, veo que van pasando tanques, veo a la gente en la calle corriendo. ¿Qué hago yo? Me engancho mi cachucha, me visto, me arreglo y salgo para la calle. Y voy a dar a la casa de esas familias, cuyas familias ya iban a salir con sus carteles, con que abajo Ceaușescu. Yo tenía veintinueve añitos. Yo tenía que disfrutar aquello. Por eso es que yo digo que yo no sé, porque aquello me motivó mucho. Primero lloré, yo lloré, lloré, lloré, lloré, lloré, de ver aquel pueblo tan alegre, de ver cómo aquella gente resurgió como que de la nada y salían como hormigas de un hormiguero, todos a sumarse codo con codo unos con otros.”
“Nos prohibían relacionarnos con cubanos exiliados. Eso era, según... Se saludaba nada más que un simple saludo a un cubano exiliado donde fuera, ya venía preso para Villa Marista ya eso era cárcel, y botado de la empresa. Nos tejían el pánico y el terror. Querían tejerlo de las peores maneras: no pueden relacionarse con fulano de tal porque es de la CIA, a ver, por ejemplo, personas nativas de esos países, nos decían que eran de la CIA y al que acogieran relacionándose con ellos venía preso para Cuba. Así vi sacar de mi empresa a no sé qué cantidad de marineros mercantes. Así mismo lo vi sacar. ¿Por qué? Porque bueno, te invitaban igual que ahora yo lo invito a usted a tomarnos un café o a comer o a preparar una cena. Y bueno, a lo mejor él está tirando foto sin darnos cuenta. Entonces usted, que no la debe ni la teme, que tiene su pensamiento pero que no está en un acto de terrorismo que no está en un acto maquiavélico, que no está para hacerle daño a su pueblo cubano, a usted ya él lo había denunciado con fotografía y cuando entraba aquí a La Habana, ya sabe, salía en las fragatas a recogerte, preso derecho. Esa era la vida nuestra.”
“Mi madre tenía dos hijos mayores que yo de su primer matrimonio. La hija mayor de mi madre, cuando yo nací, tenía diecisiete años. Se casó con un gran hombre, que Dios siempre lo bendiga, con un gran hombre, campesino del Escambray. ¿Qué sucede? Que cuando empiezan a formar lo que formó toda esta gente con el Escambray, los sacaron a todos presos desde Trinidad a Pinar del Río. Mis dos sobrinas mayores nacieron en cautiverio. Mi madre tenía que salir de Trinidad a La Habana para ver a su hija mayor, lo cual enfermó a mi madre. La enfermó orgánicamente: de la presión, del corazón, de los nervios, de todo. Una hija presa es una hija presa, y mucho menos sin haber cometido un delito. Yo no tenía conciencia de eso. Yo era una niña de un añito y pico. Yo lo único que sé es lo que me cuentan, que según mi mamá salía, las griterías eran enormes. ¿Por qué? Porque simplemente la echaba de menos a mi madre, una niña. Pero cuando fui creciendo, fui entendiéndolo todo, todo. Fui entendiendo a mi padre, fui entendiendo todas las cosas y, bueno, ya no recuerdo exactamente la edad que yo tenía cuando a ellos los sacan de Pinar del Río. O sea, a mi cuñado, toda la familia, mi cuñado y a mi hermana, por supuesto, con sus dos hijas pequeñas, para Camagüey, como si hubieran sido animales, y los llevaron para un pueblo de Camagüey que se llama Imías, que está en la costa norte, en el municipio de Sola. Y hay dos pueblos más en Camagüey, que son Miraflores y Manantoago. Todos esos pueblos fueron de los presos políticos del Escambray. Por lo tanto, yo crecí con todo eso y fueron mis primeros libros. Fue lo primero que yo aprendí de la vida. Y bueno, como no se podía hablar, como que no se podía expresar nada, mi padre decía: bajito, que hoy lo dije en una directa en honor a mi padre: viva el Partido Republicano, viva el Partido Liberal, porque mi padre era un pluripartidista y es lo que queremos, un pluripartidismo.”
Mireya Jiménez Calzadas nació el 1 de mayo de 1960 en Trinidad, provincia de Sancti Spíritus, Cuba, en el seno de una familia humilde y trabajadora, arraigada desde generaciones en la región trinitaria. Su padre, Sixto Celestino Jiménez Benítez, nacido en 1917, fue marinero mercante y vivió bajo todos los gobiernos cubanos del siglo XX; en 1960, tras la nacionalización de las empresas privadas, tuvo que trasladar a Estados Unidos el barco en el que trabajaba y recibió la oferta de permanecer allí con su familia, propuesta que su esposa rechazó estando embarazada de Mireya, lo que motivó su regreso a Cuba en abril de ese mismo año. Mireya creció en Trinidad junto a su hermano menor, tres años más joven, y a hermanos mayores de un primer matrimonio de su madre, en un contexto marcado por la represión política sufrida por parte de su familia, especialmente por el encarcelamiento y deportación de parientes vinculados al Escambray, incluidos cuñados y sobrinas que nacieron en cautiverio, así como por el traslado forzoso de familiares a distintos puntos del país. Cursó estudios hasta el duodécimo grado y, aunque su madre intentó orientarla hacia la carrera de Economía, no continuó estudios universitarios; en 1981 ingresó en la Marina Mercante, donde trabajó durante treinta años, navegando por el Caribe, América del Sur y Europa, y visitando países como Curazao, Brasil, Venezuela, Colombia, Italia, España, Turquía y Rumanía. En 1989, mientras se encontraba en Brăila, fue testigo directo de la caída del régimen de Nicolae Ceaușescu, experiencia que marcó profundamente su visión política; regresó a Cuba el 1 de mayo de 1990 por Santiago de Cuba. Durante los años del llamado Período Especial continuó trabajando en buques tanque vinculados al transporte de combustible alrededor de la isla. Se retiró de la marina en 2010, sin recibir pensión. A partir de entonces comenzó a expresarse de forma abiertamente crítica contra el régimen cubano, lo que derivó en interrogatorios, vigilancia, detenciones domiciliarias, hostigamiento a su familia y restricciones a su movilidad. En el ámbito personal, padece una insuficiencia cardíaca hereditaria diagnosticada hace más de quince años y fue tratada por cáncer, enfermedad de la que se considera libre tras una intervención quirúrgica en 2023, tratamiento que atravesó en un contexto de vigilancia y represión política.
Hrdinové 20. století odcházejí. Nesmíme zapomenout. Dokumentujeme a vyprávíme jejich příběhy. Záleží vám na odkazu minulých generací, na občanských postojích, demokracii a vzdělávání? Pomozte nám!