Si los cubanos no se unen a la lucha, la dictadura nos va a matar de hambre
Raúl González González nació en Cienfuegos en una familia cuyos miembros tenían que enfrentarse con las consecuencias del cambio de régimen desde el mismo establecimiento de las autoridades revolucionarias. Sus abuelos tuvieron que aceptar la confiscación de los bienes que desde hace mucho tiempo utilizaban para sus negocios privados. De esta manera perdieron por ejemplo los carritos con los cuales habían circulado por el campo para vender helado. Como consecuencia de la persecución, la familia adoptó una actitud adversaria frente al nuevo gobierno de Fidel Castro. Los padres de Raúl tuvieron en total tres hijos. Ambos trabajaban en una guardería, donde el padre de Raúl ayudaba con el mantenimiento y la madre ayudaba en la cocina. Las dificultades económicas resultaron en una escasez permanente que los padres intentaban solucionar por ejemplo con la venda ocasional de tamales en las calles de la ciudad. El mismo Raúl dejó de asistir a las clases cuando tenía más o menos trece o catorce años. Desde entonces se dedicaba a las reparaciones de aparatos electrónicos, como radios y televisores. Con el tiempo iba ampliando sus conocimientos en el área, lo que llevó a fundación de un pequeño taller a donde venían buscar su ayuda personas de toda la comunidad. Así, Raúl entraba en contacto también con varios funcionarios gubernamentales y observaba el nivel de corrupción que imperaba sobre las instituciones estatales. Cuando empezó a manifestarse públicamente contra el abuso del poder, su mujer fue acusada de proxenetismo. Raúl se puso a investigar sobre las prácticas y vinculaciones de las autoridades con este fenómeno social, lo que resultó en amenazas y hostigamientos constantes. Durante los próximos años fue detenido y encarcelado varias veces, sufriendo en las celdas tapiadas y de tortura, hasta que su estado de salud se deterioró tanto que sufrió un ataque cardíaco.