Álvaro Alba

* 1963  

  • “La esencia del comunismo, yo creo, es la supresión de las libertades. De la libertad individual, de la propiedad privada y de la vida del ser humano. Te quita tu libertad de elegir, te quita tu derecho a la propiedad privada, y al final, si tú no te sometes, te quita la vida. Yo creo que allí está la gran maldad, la esencia nefasta de un sistema donde no toleran el pensamiento. La esencia del castrismo es que combinó todo eso, digamos con un acento tropical que ha encantado a toda la izquierda en el mundo entero, donde ha presentado un país de palmas, de playas, de música, pero que en el fondo tiene uno de los regímenes comunistas más autoritarios de los que han existido. Si algo pudiera identificar a Fidel Castro con Stalin, es que eran dos almas gemelas, que fueron criándose en instituciones religiosas, que después fracasaron en sus vidas personales, y que sus hijos inclusive se rebelaron, Svetlana [Alilúyeva, hija única de Iósif Stalin] y Alina [Fernández Revuelta, hija extramatrimonial, pero reconocida, de Fidel Castro], contra sus padres, y que sus generales como [Mikhail Nikolayevich] Tukhachevsky y [Arnaldo] Ochoa [Sánchez], supieron también en algún momento enfrentárseles a ellos a pesar de haberles servido. Pero que los dos tenían esa concepción totalitaria del poder, de no permitir el disenso, y eran capaces de fusilar a quien fuera."

  • “Era una vida donde primero tú no cuestionabas lo que pasaba en el país, tenías una educación buena, las escuelas tenían todo lo que tú necesitaras, no había escasez de alimentos, la escuela tenía una piscina donde te recreabas después de los estudios. Aunque se combinaba el estudio con el trabajo – tenías que ir a recoger mandarinas porque estaban en un plan de cítricos. Visitaban delegaciones extranjeras a la escuela... Los fines de semana, porque era una escuela internada, siempre tenías fiesta en casa de algún compañero. Debido a que todos los estudiantes pertenecían a una clase social diferente en el sentido de que nadie allí se cuestionaba si había presos políticos, o el por qué se estaban yendo del país tanta gente, nunca hubo un panfleto o libro contestatario que se repartiera. Era una vida donde se aceptaba el régimen, donde nadie cuestionaba el que no hubieran elecciones, y para los jóvenes, la vida transcurría de fiestas, en el verano ir a Varadero a veranear, o a las playas cercanas. Era una vida afable, una vida apacible, sin ningún cuestionamiento político.”

  • “Dicen que los pesimistas son optimistas bien informados. Yo soy pesimista. Yo soy pesimista, porque se ha atrofiado al cubano. Todos estamos marcados, todos estamos dolidos, todos tenemos una división familiar, todos tenemos un familiar muerto, ahogado en el estrecho de la Florida, o que pasó veinte, diez, quince aňos de cárcel. Y se necesitarán dos o tres generaciones para que en el país exista una democracia, para que en Cuba no importe que esté o no esté un Castro en el poder, no caiga en manos de los carteles de la droga, para que en Cuba la corrupción no sea signo fundamental de la economía...”

  • “Yo intenté varias veces comenzar a leer el Archipiélago Gulag [obra de Aleksandr Solzhenitsyn]. Difícil leerlo en ruso, todavía no tenía… Y decidí entonces por una obra que pensaba que era menos difícil, que eran los Cuentos de Kolymá [Relatos de Kolymá] de Varlam Shalamov y me horrorizó. Me horrorizó leerlo, ver la crueldad, la forma despiadada de cómo se trata el ser humano en este sistema. Y después de haber leído los Cuentos de Kolymá de Shalamov, me fue más fácil leer a Aleksandr Solzhenitsyn. Pero sí, fue a través del conocimiento de la historia y de la literatura rusa o soviética, que pude entender de que el comunismo en Cuba no tenía vida, no tenía futuro, y que era cruel mantener este sistema.”

  • “Nuestro pasaporte nunca fue renovado. Los pasaportes que teníamos como estudiantes o los pasaportes que teníamos oficiales para permanecer en la Unión Soviética, había que renovarlo cada dos aňos. Y cuando ibas para que te lo renovaran, te decían que no, que tenías que irte del país. Personalmente, yo le hice una carta a Eduard Shevardnaze [ministro de Asuntos Exteriores de la URSS bajo la presidencia de Mijaíl Gorbachov, 1985-1991] para que me permitiera [permanecer en la Unión Soviética]. Porque existía un acuerdo entre La Habana y Moscú en la época soviética, que para poder tú vivir en un país, tenías que tener la autorización del otro. O sea, un cubano tenía que tener la autorización de Cuba para que la Unión Soviética lo autorizara a permanecer allí, y un soviético tenía que tener la autorización soviética para que La Habana le permitiera quedarse o vivir. No importa si tuviera hijo, hija, esposa o esposo.”

  • Celé nahrávky
  • 1

    Miami, Florida, USA, 20.04.2018

    (audio)
    délka: 58:30
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Fidel Castro y Stalin eran dos almas gemelas

Álvaro Alba durante la grabación en Miami, 2018
Álvaro Alba durante la grabación en Miami, 2018
zdroj: archivo de Post Bellum

Álvaro Alba nació el 27 de diciembre de 1963 en Matanzas, Cuba, en una familia militar. Ni en su familia y tampoco en su escuela cubana se cuestionaba el régimen, los alumnos eran de clase privilegiada que no sufrían de ningún tipo de escasez. Después de sus estudios en La Habana se fue en 1980 a estudiar jurisprudencia, relaciones internacionales e historia a la Unión Soviética. Después de terminar su carrera universitaria y de un breve retorno a Cuba en 1988, en 1989 empezó a trabajar en Moscú para el periódico ABC como corresponsal de la Unión Soviética. Su trabajo periodista lo llevó a numerosos lugares de la URSS, por lo cual, junto con el conocimiento de la historia y literatura soviéticas, lo llevó al convencimiento contra el comunismo. Vivió en primer plano la caída del régimen en la Unión Soviética. Hoy trabaja en Martí Noticias y desde 1993 vive en los Estados Unidos, adonde se exilió bajo el programa „Éxodo“ de la Fundación Nacional Cubano-Americana. Está casado y tiene dos hijos.