Následující text není historickou studií. Jedná se o převyprávění pamětníkových životních osudů na základě jeho vzpomínek zaznamenaných v rozhovoru. Vyprávění zpracovali externí spolupracovníci Paměti národa. V některých případech jsou při zpracování medailonu využity materiály zpřístupněné Archivem bezpečnostních složek (ABS), Státními okresními archivy (SOA), Národním archivem (NA), či jinými institucemi. Užíváme je pouze jako doplněk pamětníkova svědectví. Citované strany svazků jsou uloženy v sekci Dodatečné materiály.

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Yennys Hernández Molina (* 1981)

Con un régimen totalitario como el de Cuba, con un cuerpo como el de la Seguridad del Estado que tiene todo el poder, toda la impunidad y todos los recursos, tú nunca estás a salvo

  • Creció en una zona rural de Cuba en los años 80 y 90, en condiciones precarias, aunque recuerda su infancia como feliz.

  • Se doctoró en Química y fue profesora universitaria durante quince años.

  • Junto a su esposo se dedicó al periodismo independiente y al activismo cívico.

  • Su labor la convirtió en objetivo de la Seguridad del Estado.

  • En octubre de 2024 fue interrogada durante doce horas, sufrió la confiscación de sus bienes y fue obligada a renunciar a sus trabajos.

  • Abandonó Cuba en un exilio forzoso.

TRANSCRIPCIÓN ENTREVISTA DE YENNI HERNÁNDEZ

Entrevistador/a: (00:15) ¿Cómo recuerdas su infancia y juventud en Cuba?

Yenni Hernández Molina: (00:18) Tuve una infancia en el campo, con mis abuelos. Totalmente en el campo. Mis abuelos vivían en un lugar que se llama Trocones, algo así, que es un caserío como a 4 o 5 kilómetros de Palmarito de Cauto, en la carretera Santiago-Holguín, la carretera vieja de Santiago-Holguín. Un lugar olvidado por el gobierno, yo diría, creo que aún hoy sigue sin electricidad, a pesar de que la casa quedaba al lado de la carretera principal Santiago-Holguín, por tanto, uno pudiera pensar que, al estar pegado a la carretera, no en un monte intrincado ni mucho menos, tendría una vida un poco más acomodada, pero la verdad es que ese lugar no tiene energía eléctrica, no hay agua, la gente vive con el agua que recoge de lluvia o aguaceros que vienen con unos carretones y unas pipas de tanques que han virado, que la traen del pozo o de otros lugares, del río, no sé. Teníamos una planta eléctrica súper vieja, que casi nunca funcionaba y esa le daba electricidad a todas las casas de la familia, que éramos cinco o seis. Así que tuve una infancia bastante precaria, feliz, no puedo decir otra cosa porque uno se cría en el monte y tiene muchas cosas que hacer, pero bastante precaria en general, a pesar de que eran los 80, era bastante precario. Y tuve una juventud ya, imagínate los 90, el primer período especial, que fue el primero. Venía sin zapatos para ir a la escuela, no tenía, no había comida en la casa, no había jabón para bañarse, no sé, eran muchas carencias. En fin, para hacer un resumen de lo que es infancia y juventud, yo tuve una infancia y una juventud muy felices, pero muy precarias, muy pobres, con mucha pobreza, como tanta gente en Cuba.

Entrevistador/a: (02:51) ¿Cómo describiría su vida cotidiana antes de los eventos que la llevaron a emigrar?

Yenni Hernández Molina: (02:59) Mucho trabajo. Nosotros teníamos, mi esposo y yo, los dos trabajamos como periodistas independientes, éramos activistas además. Nos pasábamos todo el tiempo mayormente en la casa, escribiendo, trabajando, compilando datos, cualquier cosa. Las salidas eran mayormente también de trabajo, una vez más que otra a cenar a algún restaurante o algo, ya viviendo en La Habana. Después vivimos en varias provincias del país, nos mudamos bastante. Mayormente era una vida de trabajo, de trabajo, con unos salarios que nos permitían, con tanto trabajo, más o menos llevar una vida medianamente digna dentro de ese desastre que es Cuba hoy en día, pero pues mayormente era una vida de trabajo.

Entrevistador/a: (03:59) ¿Qué circunstancias marcaron su decisión de abandonar Cuba?

Yenni Hernández Molina: (04:03) El acoso de la Seguridad del Estado. Independientemente de la pobreza, de los apagones, de tantas cosas que... la falta de agua, la insalubridad de las calles, la inseguridad, la violencia, independientemente de todas esas cosas, pues es el país de uno. Y la circunstancia que nos motivaron a emigrar, más allá de salir de toda esa pobreza también, fue el acoso de la Seguridad del Estado. Porque como periodistas independientes, como activistas, dependientes también, no teníamos ningún vínculo con instituciones estatales, cualquier cosa que digas o hagas es tomado como peligroso y eres directamente reprimido por la Seguridad del Estado. Así que fuimos básicamente obligadas a salir, a abandonar el país y bueno, concretamente en octubre del año pasado, del año 2024, tuvimos unos... fuimos a un interrogatorio de 12 horas y ahí sí nos confiscaron todo, se quedaron los ahorros, confiscaron los equipos de trabajo, o sea, los teléfonos, las computadoras, así sin órdenes ni nada, con toda esta impunidad con que opera la Seguridad del Estado en Cuba, y nos anularon básicamente. Tuvimos que renunciar a todos nuestros trabajos públicamente, que quizás hubiéramos podido seguir llevándolo y tal, pero claro, se tomó de la manera en que se tomó, no voy a entrar en esos detalles aquí, y nuestras vidas quedaron, literal y metafóricamente, anuladas. O sea, en Cuba no teníamos nada más que hacer, no se nos permitía hacer absolutamente más nada y para trabajar para el Estado cubano, la única opción es morirse de hambre.

Entrevistador/a: (05:43) ¿Cómo afectó el régimen totalitario cubano a su vida personal, familiar y profesional?

Yenni Hernández Molina: (05:49) Voy a empezar por la profesional. Yo soy doctora en química, fui 15 años profesora de la Universidad de Oriente. Eso implicaba callarme la boca muchas veces para poder conservar el empleo, poder terminar un doctorado, poder hacer otra cosa desde el punto de vista profesional, porque de lo contrario me hubieran puesto de patitas en la calle, ¿no? Hubiera quedado sin empleo, sin carrera profesional, probablemente no hubiera terminado nunca un doctorado, no hubiera hecho nada de eso. E independientemente de eso, yo era ya vista en la universidad como alguien poco confiable, vamos a decir. De hecho, hubo algún que otro análisis y cosas por cosas que nunca hice, porque en Cuba cuando tú no caes bien, sobre todo por cuestiones políticas, siempre aparecen maneras de hacerte la vida un yogur, como decimos allá, de complicarte la existencia siendo... o sea, en tu trabajo. Siempre hay algún superior, siempre hay alguien que te quiere sancionar por algo. Y eso me pasaba bastante, me pasó mucho en toda mi vida laboral, por decir las cosas que pienso. Y luego, bueno, claro, la vida... las amistades a veces, cuando sobre todo cuando tú empiezas a... en una vida un poco más opositora en Cuba, porque ser periodista independiente automáticamente te convierte en opositor en Cuba, aunque tú no salgas a la calle a protestar. Siempre hay de alguien de la familia que guarda como distancia, sobre todo si creen que la relación contigo los puede poner en riesgo. Aunque mi familia más cercana no pasó nada de esto y bueno, básicamente mi familia más cercana no me afectó, pero con familiares un poco más allegados un poco tuve altercados y cosas y gente que de momento me... todo el mundo de mi familia hablaba conmigo. Y las amistades, pues yo soy una gente de pocos amigos, de cuatro amigos y hablarme con cuatro, así que las amistades no tanto y mis amistades son todos gusanos.

Entrevistador/a: (07:33) ¿Qué impacto cree que ha tenido la experiencia de emigrar en su vida?

Yenni Hernández Molina: (07:37) Emigrar es... emigrar es muy difícil. Cualquiera que... cualquiera que haya emigrado considerará conmigo en que es de las cosas más difíciles que uno puede hacer en la vida. Volver a empezar en otro país y no eres nadie. ¿No? Entonces, por ejemplo, yo tengo todo ese pedigrí en Cuba, pero en España no soy nadie. En España estoy en un exilio forzoso, porque quisiera venir o no, no puedo regresarme a Cuba por más que me vaya. Y eso sí ha afectado mi vida familiar y de tal... mi familia no puedo verla. Y es difícil, porque aquí no eres nadie, empiezas de cero y tienes muy pocas redes. Todo el mundo está en su lío, todo el mundo tiene sus problemas.

Entrevistador/a: (08:31) ¿Cómo evalúa el presente y el futuro de Cuba?

Yenni Hernández Molina: (08:33) Por un lado, estoy viendo todas estas protestas estudiantiles y tal. La gente, yo creo que se ha quitado en los últimos cuatro años o algo así, muchas vendas de los ojos, y la gente está causando un poquito de madurez política. Y en ese sentido es esperanzador que esas cosas sucedan. Tantas décadas de oposición ha logrado poco, yo diría poco. Hay quien no coincidirá conmigo, pero a nivel... a nivel de gente en la calle, yo hablo a nivel de gente en la calle, ¿no? De cambios a nivel de gente en la calle. La pobreza ha hecho mucho más, yo creo, por el cambio en Cuba. O sea, es casi como si el régimen mismo, se hubiera dañado a sí mismo con tanta crisis y tanta pobreza. La gente está... la gente no aguanta más. Entonces, en ese sentido, yo creo que es un poquito una olla de presión ahí con chicharrón que está tupiendo la válvula y que en cualquier momento explota, ¿no? Eso por un lado, pero por el otro, por ejemplo, llevo días comentando el hecho de que después de tantos años, de tantas cosas y sobre todo los últimos cuatro o cinco años que han sido desde el desalojo de la gente del Movimiento San Isidro para acá, han pasado tantas cosas de las que quizás con internet, la gente con internet, o sea, viendo las cosas, más allá de las campañas de desinformación, yo creo que ya a nivel de protestas y cosas y de cambio la gente debía haber aprendido cuatro o cinco cosas por lo menos. Y reflexionan a su paso, pero yo creo que todavía falta organizarse, falta organización y falta madurez en cuanto a protestas, la gente necesita madurar. Entonces, ahí en ese sentido, el presente y el futuro de Cuba lo veo confuso, no sé, no me atrevería a dar un pronóstico ni a ni a decir nada. Yo creo que es eso, que es una olla de presión a punto de explotar, en cualquier momento explota, no sabemos cuándo.

Entrevistador/a: (09:41) Si pudiera enviar un mensaje a las futuras generaciones sobre sus vivencias, ¿qué les diría?

Yenni Hernández Molina: (09:44) Que tengan cuidado. Que tengan cuidado, que tomen precauciones. Una precaución es poca si te vas a dedicar... Que no confíen, que no confíen en el régimen, que no confíen en que tienen todo... en que tienen todo controlado y en que tienen todo amarrado. Esa es la experiencia que saqué de todo lo que me ha pasado. Es eso, que tú no crees en sus intríngulis... Yo tengo todo amarrado, yo tengo todo, sabes, o yo sé hasta dónde llego, yo sé lo que digo, o yo sé lo que hago para estar a salvo. Porque con un régimen totalitario como el de Cuba, con un cuerpo como el de la Seguridad del Estado que tiene todo el poder, toda la impunidad y todos los recursos, tú nunca estás a salvo. Nada, que tengan cuidado, tomen precauciones. No sean ingenuos. Suena feo, pero yo creo que la cooperación también es la base de la cosa, porque qué es lo que pasa, que es tan paralizante eso de creer que alguien es de la Seguridad del Estado, o que no voy a trabajar con fulanito o con menganito porque es seguroso. Usted vaya para adelante, pero guarde sus cosas, que no te cojan, que no te cojan los audios. Hay que trabajar, porque si no es paralizante.

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